El leopardo y las monas

(gestionim Gestión Intranet Educativa Municipal)

Image

No a pares, a docenas encontraba las monas en Tetuán, cuando cazaba, un leopardo. Apenas lo veían, a los árboles todas se subían, quedando del contrario tan seguras, que pudieran decir: «No están maduras!».

El cazador astuto se hace el muerto tan vivamente, que parece cierto. Hasta las viejas monas, alegres con el caso y juguetonas, empiezan a saltar: la más osada baja, se arrima al muerto de callada; lo mira, huele y aún tienta, y grita muy contenta:

- «¡Llegad, que muerto está de todo punto; tanto, que empieza a oler el tan difunto!»

Image

Bajan todas con ruido y alegría; le tocan la cara, le saltan encima; aquélla se le arrima, y haciendo mimos, a su mano queda; otra se finge muerta y lo imita. Pero luego cuando las siente fatigadas de correr, de saltar y hacer monadas, se levanta ligero y, más que nunca fiero, pilla, mata y devora: de manera que parecía la sangrienta fiera, cubriendo con los muertos la campaña, al Cid matando moros en España.

Es el peor enemigo el que aparenta no poder causar daño, porque intenta, inspirando confianza, asegurar su golpe de venganza.