Hans Christian Andersen nació el 2 de abril de 1805 en Odense, Dinamarca. De una familia tan pobre que en ocasiones hasta tuvo que dormir bajo un puente y mendigar. Era hijo de un zapatero instruido, pero enfermizo, de veintidós años y de una lavandera de confesión protestante. Andersen dedicó a su madre debido a su pobreza "La pequeña cerillera". Hans Christian mostró una gran imaginación desde temprana edad; la que fue alentada por la indulgencia de ambos padres y la superstición de la madre. En 1816 murió su padre, y Andersen dejó de asistir a la escuela; se dedicó a leer todas las obras que pudiera conseguir, entre ellas las de Ludvig Holberg y William Shakespeare, por lo que sería un escritor muy ingenioso y con una gran trayectoria.Andersen fue un gran viajero. El más largo de sus viajes, entre 1840 y 1841, lo realizó a través de Alemania (donde hizo su primer viaje en tren), Italia, Malta y Grecia a Constantinopla. El viaje de vuelta lo llevó hasta el Mar Negro y el Danubio. El libro "El bazar de un poeta" (1842), donde narra su experiencia, es considerado por muchos como su mejor libro de viajes.
El día del libro Desde 1967, el IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil) celebra este día. Cada año, un país miembro de la organización actúa como esponsor internacional de esta fecha, y en 2010 España ha sido el país escogido, que ha usado el lema: “Un libro te espera, ¡búscalo!”. El cartel conmemorativo de la fotografía es de la ilustradora Noemí Villamuza, y nos muestra una imagen sugerente de un árbol del que brotan libros, con un niño leyendo sus hojas.
Había una vez un barquito chiquitito, que no sabía, que no podíanavegar.
Pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis semanas, y aquel barquito, y aquel barquitonavegó.
Se aprende a jugar antes que a leer. Y a cantar. Los niños de mi tierra entonábamos esta canción cuando aún ninguno sabíamos leer. Nos juntábamos en corro en la calle y, disputándonos las voces con los grillos del verano, cantábamos una y otra vez la impotencia del barquito que no sabía navegar.
A veces fabricábamos barquitos de papel y los poníamos en los charcos y los barquitos se hundían sin conseguir alcanzar ninguna costa.
Yo también era un barco pequeño fondeado en las calles de mi barrio. Pasaba las tardes en una azotea mirando ocultarse el sol por el poniente, y barruntaba a lo lejos -no sabía aún si a lo lejos del espacio o a lo lejos del corazón- un mundo maravilloso que se extendía más allá de donde alcanzaba mi vista.
Detrás de unas cajas, en un armario de mi casa, también había un libro chiquito que no podía navegar porque nadie lo leía. Cuántas veces pasé por su vera sin darme cuenta de su existencia. El barco de papel, atascado en el barro; el libro solitario, oculto en el estante tras las cajas de cartón.
Un día, mi mano, buscando algo, tocó el lomo del libro. Si yo fuese libro lo contaría así: "un día la mano de un niño rozó mi cubierta y yo sentí que desplegaba mis velas y comenzaba a navegar".
¡Qué sorpresa cuando por fin mis ojos tuvieron enfrente aquel objeto! Era un pequeño libro de pastas rojas y filigranas doradas. Lo abrí expectante como quien encuentra un cofre y ansía saber su contenido. Y no fue para menos. Nada más empezar a leer comprendí que la aventura estaba servida: la valentía del protagonista, los personajes bondadosos, los malvados, las ilustraciones con frases a pie de página que miraba una y otra vez, el peligro, las sorpresas..., todo, me transportó a un mundo apasionante y desconocido.
De esa manera descubrí que más allá de mi casa había un río, y que tras el río había un mar y que en el mar, esperando zarpar, un barco. El primero al que subí se llamaba La Hispaniola, pero lo mismo hubiese dado que se llamase Nautilus, Rocinante, la nave de Simbad, la barcaza de Huckleberry, ....todos ellos, por más que pase el tiempo, estarán siempre a la espera de que los ojos de un niño desplieguen sus velas y lo hagan zarpar.Así que...no esperes más, alarga tu mano, toma un libro, ábrelo, lee: descubrirás, igual que en la canción de mi infancia, que no hay barco, por pequeño que sea, que en poco tiempo no aprenda a navegar.
Texto: Eliacer Cansino. Cartel: Noemí Villamuza
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